El accidente

CRÍTICA// EL INCIDENTE (M. Night Shyamalan, 2008 )

Es difícil llevarse bien con el cine de Shyamalan. El Sexto Sentido fue un pelotazo, una película sencilla, bien narrada, y al alcance de todos, pero sus siguientes estrenos han ido poniéndonos las cosas cada vez más complicadas, sobre todo a sus defensores. Señales debe ser revisada para colocarse en el plano espiritual que le corresponde, y El Bosque, como es sabido, debe inscribirse en un contexto más psicológico y de suspense que terrorífico. Yo mismo incluso pongo la mano en el fuego con pasión por su última película, La Joven del Agua, ingrata, demasiado poética, pero arriesgada como ella sola. Ahora bien, ante lo que acaba de estrenarse en cines, manifiesto mi perplejidad más absoluta.

El Incidente narra la terrible huida de un grupo de personas ante una amenaza desconocida que invade las ciudades de la costa este estadounidense, un presunto virus que ataca a las personas, haciéndoles desear irrefrenablemente la muerte, y por tanto suicidarse a la primera de cambio. Parecía que habían dado ya con enfoque justo de los trailers de este director, pero por lo visto, en esta ocasión, en vez de cambiar el género de la historia, han preferido contarla prácticamente entera, lo que por otra parte, visto el resultado, no suponía resumir en exceso.

Es innegable la fuerza del arranque del film, que no se anda con demasiadas tonterías. Su gran virtud en su lograda dirección y planteamiento marcado nuevamente por lo sugerido frente a lo evidente (ojito a la escena del seguimiento de la pistola, de infarto), se convierte en la más pesada losa que Shyamalan tendrá que cargar en su vida. Las expectativas vuelan por las nubes en los primeros diez minutos, sin concesiones, sin negaciones, dejando al espectador gran cantidad de opciones para especular y frotarse las manos…

… pero algo falla, lo esencial. Un guión que se desinfla y agoniza llegando a rayar el esperpento, por pretencioso y falto de recursos, y sobre todo por el tremendo dislate que supone encontrarle el tono del film: tras ponerte la piel de gallina, recurre a secuencias humorísticas y diálogos descacharrantes que provocan vergüenza, y lo peor, contagian risa sincera, lo que no deja de resultar paradójicamente doloroso para el cinéfilo exigente. Son esos probablemente los momentos más bajos de la filmografía de Shyamalan, reiterando varias veces sucesiones de secuencias de ascetismo y espiritualidad marca de la casa, con otras que desdibujan personajes hasta caricaturizarlos, mcguffins ridículos como el columpio del árbol, (en un gesto realmente deshonesto por parte del director) y explicaciones tan rimbombantes como inútiles, por no decir gratuitas o patrocinadas directamente por iPhone. (no lo he soñado, ¿verdad?)

El film se viene abajo por la propia química mortal de los elementos que lo engarzan, haciendo incompatibles el diseño de los personajes, sus recorridos, sus miedos, sus problemas de comedia barata, y las perturbadoras secuencias de los suicidios, que obvian el que hubiera sido un interesante camino a transitar, para quedar reducidas a simples elementos de morbosidad casi pornográfica. Shyamalan patina y lo que es peor, puede hacer aflorar la duda de si nos está intentando tomar el pelo. Incomprensible.

 

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