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Buried

CRÍTICA// BAJO MÍNIMOS


El estreno de Buried, la segunda película de Rodrigo Cortés, ha despertado curiosidad y gran expectación en los medios de comunicación, sobre todo en internet. Se está hablando con grandilocuencia y sin escatimar en adjetivos sobre las proezas del film, su pericia técnica y su indiscutible éxito incluso antes de haberse estrenado en salas.

Vista la película, la verdad es que está muy bien; es entretenida, hay suspense y en conjunto hace pasar un buen mal rato. No hay mucho que objetar al respecto. Sin embargo, existe una tendencia cada vez más extrema a dar por buenas, si no acojonantes, aquellas películas pequeñas que han obtenido una rentabilidad económica altísima. En el caso de Buried se confirma el abismo entre el valor real de la obra y los soberbios calificativos que está obteniendo. Espectadores, informadores, crítica especializada y publicistas están sintonizados y contribuyen a engrandecer hasta lo indecible una película a la que no hay que restar méritos artísticos, pero que desde luego no es ninguna punta de lanza del cine de entretenimiento.

Mucho me temo que si esta película brilla es en parte por la falta de competencia y el desgaste del cine comercial en los últimos años, que apenas da buenos títulos que sean capaces de montar buenas historias en el esquema del blockbuster. El cine palomitero está bajo mínimos y la maquinaria de explotación comercial va ya tan rápido que requiere un ritmo de producción con el que resulta imposible mantener cierta calidad, aunque sea en este estrato del cine menos prestigiado socialmente. En ese sentido, a Buried se la exalta porque sí aprueba. Guión, puesta en escena, etc, son alabadas por su singularidad, cuando en realidad, sólo cumplen -con profesionalidad y garantías máximas- con lo que debería ser el punto de partida exigible a cualquier producción.

En el camino, se exageran hasta confundir algunos términos. Buried no está filmada por completo dentro de una caja. Su planificación es radical, pero no tanto. Por suerte para nosotros, el realizador a veces se abstrae físicamente del entorno y filma desde el exterior, a través de las grietas de la caja, falsea algunos momentos con la convención de superficies sólidas transparentes (como cuando Peter Conroy se pone bocabajo para teclear en su BlackBerry, con una disposición similar a una secuencia de Zemeckis en Lo Que La Verdad Esconde) y aunque el resto del mundo con el que interactúa no está presente en imagen, sí lo está en el sonido, y supone la principal fuente de sucesos de la trama, aunque como espectadores estemos educados en la preponderacia de lo visual frente a lo sonoro. Cortés nos pone firmes en ese sentido, pero es algo circunstacial. Podría haber llegado mucho más lejos, pero no ha sido así.

Tengo la sensación de que esta película, hace 20 o 25 años se podría haber filmado para televisión y no habría causado tanto revuelo. Primero porque estaría muy cerca en el tiempo de La Cabina. Y segundo, porque su entorno artístico y creativo la hubiera puesto rápidamente en su sitio. Pero no, estamos en 2010, y cuando se afirma, en lineas generales, que el singular y excepcional éxito de Buried radica en que mantiene la tensión y el suspense con ese artefacto llamado punto de giro, a uno se le cae el alma a los pies.

Publicada en lashorasperdidas.com

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