La calle de en medio.

LIBROS// POR QUÉ SOY CRISTIANO (José Antonio Marina, 2005)

porquesoycristianoHay debates públicos, dirigidos casi siempre desde los medios de comunicación, que me provocan mucho malestar. Normalmente, porque bajo la apariencia de diálogo y amparados en la libertad de expresión (sobre la que pesa otro debate público que sufre el mismo mal) lo que hay es una fórmula impostada, un ritual exasperante de posicionamiento de las propias ideas en base a dos argucias: por un lado, la radicalidad extrema de los razonamientos, que no permiten resquicio a la matización ni a la rectificación parcial, y por el otro, la tergiversación de la exposición del contrario, un intento de dirigirse a la audiencia indirectamente haciendo ver que lo que el contrincante dialéctico expone no es la idea que expone, sino otra, sobre la que, evidentemente, hay mucho que censurar.

Así el debate propiamente dicho no es más que un pelea de gallos donde antes que legitimar una posición propia, lo importante es corromper la posición del contrario, respondiendo a preguntas que no ha formulado, y en definitiva, replicando a un argumento que no es el que expone, ventajoso para uno, pero sin solución de continuidad.

Tenemos en España varias cuestiones que injustamente han entrado en este ciclo, cuyas argumentaciones están desvirtuadas, donde todo es blanco o negro (para proteger a base de absolutismos las propias ideas de los ataques fundamentalistas del contrario), y donde parece que no hay espacio para el acercamiento o sencillamente, la modulación de los discursos que sostienen las ideas: Es el caso del aborto, como hemos visto este fin de semana. Ví en la televisión a 4 o 5 niñas que recogían en una hucha dinero para que las madres con apuros económicos pudieran mantener a sus hijos y no tuvieran que abortar. Una solución que parece que funciona casi como verdad empírica, pero que refleja lo parcialmente que han sido estas niñas preparadas para entender la complejidad de planteamientos que pueden matizar su bienintencionada recolecta. Ellas pueden no ver más allá de ciertos limites, pero quienes las llevan a esta manifestación probablemente no quieran o no sepan traspasar esos límites (esas hipotéticas situaciones que hay frente al aborto), dentro de lo cuales sus creencias encajan como un guante.

Y hay más temas: el concepto de la libertad de expresión, la homosexualidad o las religiones.

En esta última cuestión de las religiones, concretada en el crístianismo, padre de todas las disputas, la percepción tanto positiva como negativa que tiene la sociedad, me parece que se basa en cuestiones fuera del verdadero “intringulis” del asunto. Eso me hizo llegar al libro del filósofo José Antonio Marina con el sospechoso título (según uno quiera verlo) de «Por qué soy cristiano»*.  Me ha gustado su forma de plantear el asunto, atajando su discurso por el camino a veces poco transitable de la calle de en medio, sin escatimar crítica y elogios a historiadores y pensadores que desde sus creencias o no creencias han intentado refrendar o rebatir pilares fundamentales del cristianismo.

En su libro – una especie de pensamiento en voz alta, un ensayo – Marina apela a la falta de absolutismo que reside en las verdades que entendemos como tales, e imitando el concepto matemático de acercamiento al límite, el de las parábolas y sus asíntotas, les otorga una validez y una definición que nunca son totales, por mucho que se acerquen. Está en el criterio y en la experiencia del observador la decisión de considerarlas ciertas y hasta qué punto.

Marina no habla de la Iglesia. Marina cuestiona la resurrección de Cristo tal y como se expresa en la Biblia y es asumida por cristianos y ateos, motivo por el cual unos la creen y otros la rechazan. Marina conoce y sabe que frente a aquellas cuestiones condenables y totalmente desafortunadas de la Historia, hablar del cristianismo y de su esencia interna no implica necesariamente un respaldo a las instituciones ni a las “verdades” que los hombres, en nombre de derechos imposibles, han lanzado a los cuatro vientos, pillándose los dedos de la forma más absurda.

Lo que me interesa en definitiva de su libro es que en su cuestionamiento de las ideas y los valores del cristianismo no caben apenas ninguno de los argumentos que a día de hoy se esgrimen en la calle, en los medios, en las parroquias, y que se tiran  la cabeza unos y otros para reprobarse. Sencillamente, su debate interno (y público desde su texto al alcance de todos) está despojado de cuestiones que pertenecen a otro ámbito, más terrenal, y en el que incluso, se muestra fundamentalmente de acuerdo con otros que hacen precísamente de esos puntos claves, sus motivos para considerarse ateos.

«Hace años, Bertrand Russell escribió un libro con un título exactamente contrario al mío: “Por qué no soy cristiano.” Es una obra lúcida e irónica con la que estoy fundamentalmente de acuerdo. Lo que sucede es que, al hablar de cristianismo, él y yo hablamos de cosas distintas»

Es su moderación, su apertura a la interpretación y su falta de dogmatismo lo que hacen muy interesante su obra, bajo cualquier tipo de posicionamiento previo. No sentencia, no juzga, simplemente piensa. Y eso hoy, con la que está cayendo, es muy difícil de soportar.

* No confundir con el libro del mismo título de Cesar Vidal, que no he leido.

«Por qué soy cristiano», de José Antonio Marina. Editorial Anagrama, 2005.

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Una respuesta a “La calle de en medio.

  1. Pues habrá que leerlo. Este tema siempre me ha interesado mucho. Gracias por la recomendación.

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