La sequía

CRÍTICA DE CINE//LA VERGÜENZA (David Planell, 2008)

la-verguenzaExtraña e irregular. Así podría calificarse la ópera prima de David Planell, quien a pesar de ser su primera realización, no es ni mucho menos un recién llegado a la industria. Su currículum es largo y variado, desde guionista de televisión en series harto conocidas, hasta colaborador de otros realizadores como la gran Gracia Querejeta para la que escribió los filmes Héctor y Siete Mesas De Billar Francés, este último, probablemente una de los mejores guiones llevados al cine en los últimos años.

El caso es que La Vergüenza, además, ha ganado premios máximos en el Festival de Málaga, y es junto con Tres Dies Amb la Familia, la triunfadora del certamen. Es curioso que ambas producciones sean realizadas por directores noveles, no por los méritos que eso pueda atribuir a éstos filmes, sino, más bien por los deméritos que supone para el cine español senior en su conjunto. A falta de ver la película catalana (que bien expectante me tiene) resulta que según el cine patrio (presente en el jurado) La Vergüenza es lo mejor que hemos parido en los últimos meses.

Planell es un gran guionista, y con creces lo ha demostrado. Parte de su talento se traslada parcialmente a su film, y eso es de agradecer durante el visionado. Pero resulta que en aquellas materias dependientes de la realización, la película se mueve en terrenos peligrosos, incoherentes o simplemente fallidos. De ahí que la película tenga unos contrastes fuertes, muy incómodos, que asemejan la proyección a un recorrido en montaña rusa. Hay grandes momentos, resultantes de un meticuloso libreto que desgrana la información poco a poco y cuenta con pequeños clímax “PaulHaggis”, suspendidos entre actos, que tanto conmueven al público… Pero también hay un poco de vértigo y malestar estomacal: Planell podría prescindir ya mismo de su director de fotografía y encargado de arte, y replantearse seriamente parte del cásting, (particularmente el de Natalia Mateo contra la que no hay nada malo ni nada bueno que decir, y cuyo personaje no puede, sencillamente no puede, compatibilizar el llamar “tío” a su marido y ser la madraza que se espera de ella) y finalmente , por qué no, revisarse la planificación de cámara con un poco más de cariño.

Pero qué pasa. Que a pesar de todo, la película me gusta. Van pasando minutos, y te metes en la historia, comprendes lo que sucede, y Planell saca sus infalibles armas de guionista resabiado para situarte justo donde quiere, en mitad de la encrucijada, en frente mismo de tus propias vergüenzas y miserias. Y aparecen secundarios auténticos, como la amiga de Rosa, que podría venir de jugar en las Siete Mesas, el tempo del film se dilata, incluso hay suspense, y el mensaje se revela, con sonrojante moraleja, pero se disfruta: Nada desdeñable trabajo sobre la familia y la hipocresía de la sociedad. Notable caso de escalada emocional y empatía con el público.

Es posible que haya mucho que pulir aún, pero David Planell tiene la sartén cogida por el mango, y nos conoce, sabe lo que queremos, y quizás por eso, se ha llevado el premio. Visto como sigue el patio y la sequía creativa que nos invade, la parábola que plantea sobre el agua que cuando falta nos irrita, tiene otras importantes lecturas. Hace tiempo que nuestro cine no nos cala ni nos alivia.

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