En ningún sitio como en casa.

CRÍTICA DE CINE// HEIMA (Siguro Ros y Dean DeBlois, 2007)

heima1En casa, eso significa el título de este largometraje. Cuenta la vuelta a los orígenes, el regreso de un viaje lleno de éxitos, el retorno a las ideas de un grupo profeta en su tierra, Sigur Rós. Una tierra, Islandia, que comienza teniendo un papel sospechosamente comercial en los primeros minutos, para promoción del producto de moda de EMI Records, pero que sin embargo, conforme la no-trama avanza (y sorprendentemente entonces comienza a surgir un argumento) va cobrando protagonismo creciente, hasta el extremo que parece que más que un film sobre la banda en Islandia, asistimos a un precioso documental sobre la geografía física y humana del país, del que también participan ellos a través de su música.

El grupo decide hacer una gira de conciertos por Islandia, gratuíta y sin previo aviso, tocando en pequeños pueblos y entornos de gran belleza que, justificados o no, sirven, como quien no quiere la cosa, para construir un retrato tan poco usual como atractivo sobre la geografía natural de la isla y la vida social de los lugareños. A ello contribuyen las entrevistas pequeñas e íntimas de diferentes miembros de Sigur Rós, en lo que apenas hay mucho que decir, pero en las que relatan con sencillez los motivos de su vuelta a casa y las anécdotas del viaje en el que al parecer no se han llevado demasiados egos.

Técnicamente la película es primorosa, en su acabado visual y su exigencia fotográfica, fuera de los corsés del cine comercial al uso, y en el propio discurso fílmico, pausado, descriptivo y quizás no apto para todos, pero que una vez sintonizado correctamente transmite mucho más de lo que estamos dispuestos a esperar de un documental musical.

El film se descubre finalmente como una obra desconcertante y exuberante, bastante más profunda, universal y seria de lo que en un principio cabría pensar. Sigur Rós vive, toca e interpreta su música sin perder de vista sus orígenes, y a ellos hacen continuamente referencia, en sus múltiples ámbitos, desde el argumento ecologista, la oda a la tradición o la anticipada crítica al liberalismo económico dominante, sin que podamos tampoco pasar por alto que hoy, dos años después del rodaje, Islandia está sumida en una importante crisis financiera y social, bastante más severa de la que vivimos en Europa.

Con Heima, el espectador pasa de ser un perfecto ignorante cultural, a anticiparse al desenlace real que existe más allá del último concierto al que asistimos en la película. Un intenso relato sobre un lugar recódito del planeta que probablemente jamás pisará. Una película que deberías ver.

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