El camino de Javier Fesser

CRÍTICA//CAMINO (JAVIER FESSER, 2008)

Al conocer el argumento del nuevo proyecto de Javier Fesser dudé un instante sobre lo apropiado del tema para un director de su trayectoria y sensibilidad. El resultado pone de relieve que el realizador mantiene algunas de sus líneas de estilo tan características, interesante por lo curioso del reto, pero que aporta virtudes y problemas a partes iguales. Inspirada, que no basada, en hechos reales, Camino cuenta el penoso trance de una niña enferma de cáncer, en el seno de una familia cristiana entregada a la causa del Opus Dei, y en la que no hay lugar para planteamientos morales más allá del acato de unas estrictas normas de conducta.

Fesser, que no ha sido nunca especialmente hábil planteando tramas, pone en pie el filme sirviéndose de las buenas herramientas que domina: un casting muy convincente y unos recursos visuales originales por encima del árido panorama del cine patrio. En este sentido, tanto dirección de actores como fotografía y producción artística resultan irreprochables y esforzadas. Pero como digo, las irregularidades aparecen en el guión, que no siempre sabe dosificarse correctamente, dando cal y arena, resultando en ocasiones ingenuo, cargante y con ganas de sobornarte, y en otras, contenido -el dibujo del dilema moral soterrado del matrimonio es sobresaliente- o sorprendentemente gracioso y tierno, siendo precisamente un par de monólogos descacharrantes de una espontánea niña, los que hacen destensar el film y salvarlo de la tragedia facilona.

Camino aguanta el tipo, a pesar de que su largo metraje es la causa de la mayoría de sus altibajos, todos resumidos en excesos: por la duración de algunas secuencias, la reiteración de ideas y diálogos que difuminan los estados de ánimo, y la falta de control sobre el mundo onírico que abruma y sorprende, pero no termina de convencer. Quizás su punto más débil es un particular giro argumental, que si es cierto aquello de que la realidad supera a la ficción, desde luego en la película supone un patinazo importante, sobre todo en la forma en que aparece narrado, momento en el cual no deseas que la película la haya dirigido el mismo que hizo Mortadelo y Filemón.

El nuevo trabajo de Javier Fesser puede venir condicionado por algo de polémica, si bien parece que no hay motivo para tal, sino más bien, ingredientes que en manos poco hábiles pudieran desencadenarla. Reflexionando un poco, me parece que esto aquí apenas ocurre. El director no oculta dardos, a veces lamentablemente poco sutiles, que enfocan su legítimo discurso, pero a pesar de ello, la claridad de la exposición y perfilado de personajes y situaciones es tal, que en más de una ocasión, los mismos comportamientos que para algunos pueden resultarnos censurables, encuentro que para otros son en sí mismos evidencias meridianas de sus creencias y posiciones. Y en cualquier caso, el desarrollo y desenlace no dejan lugar a dudas de que no hay intención de desvelar ninguna verdad sobre el caso real de la niña, sino más bien, contar una parábola sobre la fe y las creencias religiosas y la subjetividad del sentimiento espiritual, utilizando para ello, elementos extraídos de la realidad. Es por eso, y por esa puerta abierta al realismo mágico que niegan cualquier posible malinterpretación histórica, que su crítica y denuncia son firmes, pero no pretenden ser herméticas, cerradas, ni constituirse en verdades absolutas.

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