El Silencio de las Piedras
“Crecer es como subir una montaña: según llegas a la cima, los horizontes del mundo se expanden y las dificultades del camino empiezan a verse desde otra perspectiva.”
Esta frase define muy bien cuales eran mis intenciones al embarcarme en la producción de un largometraje documental con el escultismo (lo relativo al movimiento scout) como motor y fondo, pero dedicado más ampliamente a estudiar a adolescentes en pleno desarrollo madurativo, a punto de incorporarse activamente a la compleja maquinaria de la sociedad adulta.
El Silencio de las Piedras es un documental creativo que sigue el día a día de un raid (marcha de varias jornadas a pie) de un grupo de scouts de entre 14 y 17 años. La película trata de mostrar el mundo a través de los ojos de éstos adolescentes, poniendo de manifiesto los problemas que los adolescentes detectan en nuestra sociedad a través de sus primeras valoraciones más o menos adultas y sus análisis no siempre certeros, pero esclarecedores. Por otra parte, no quería centrarme en el origen de los conflictos, sino más bien, que el documental fuera en sí mismo la exposición de una solución educativa alternativa capaz de formar personas libres y comprometidas con su entorno.
En la segunda quincena de julio de 2005 comenzamos el rodaje en la Sierra de Gredos con un reducido equipo de producción. El lugar escogido ofrecía, junto con otros posibles enclaves de la geografía española, el marco adecuado para emprender la ruta de unos 6 días de duración que llevaría a estos scouts a plantearse una meta, un reto físico, en este caso la coronación del pico Almanzor de unos 2.600 metros de altitud. La marcha a lo largo de los días haría el resto, haciendo florecer espontáneamente actitudes, ideas y problemas derivados de la convivencia en unas circunstancias tan extremas para ellos.
El rodaje fue bastante complejo y difícil. El documental está grabado en video digital lo que ha ahorrado costes en la inestable economía del proyecto, y más importante si cabe, a disminuido considerablemente el peso que ha tenido que soportar el equipo. Era mi deseo que la producción tuviera el menor impacto posible entre los chavales, facilitando su desinhibición ante las cámaras, por lo que subimos al macizo de Gredos con el equipo imprescindible para el rodaje.
El montaje ha sido un interesante ejercicio de criba entre todo el material grabado, estructurando la película en secuencias que alternan las penalidades y alegrías del raid con los testimonios y opiniones de los chavales respecto a una larga lista de temas. La copia final del documental dura 80 minutos que se hacen intensísimos, a veces divertidos y otras amargos, aunque siempre buscando que el espectador se sumerja en la experiencia física y sensorial por la que han pasado sus protagonistas.
Jesús Manuel Rubio
www.elsilenciodelaspiedras.com