Petit Indi (Marc Recha, 2009)

6 Noviembre 2009

CRÍTICA DE CINE//LOS NO-LUGARES.

petit indi posterFue en algún momento de mi vida académica, cuando aún transitaba por los pasillos de la Escuela de Arquitectos (las vueltas que luego da la vida…) cuando supe de los no-lugares −justamente chivado hoy por Marc Augé−, espacios anónimos casi al límites de las grandes ciudades, donde dos mundos, el orgánico y apacible entorno rural y las miserias de la gran urbe, se encuentran en situación forzada e imperfecta como piezas de puzzles distintos que uno intenta hacer encajar. Autopistas, aeropuertos, industrias, vías férreas y todo tipo de incómodas construcciones y huecos sin aparente humanidad ni fotografía que las necesite conviven en extrañas circunstancias con los supervivientes del viejo ecosistema campesino, de costumbres y tiempos sólidos y de ejemplar austeridad material.

Petit Indi podría denominarse, y en ningún caso de forma peyorativa, como un no-film, ya que de algún modo sus divagaciones narrativas y estructura apenas marcada le encajan muy bien con el curso de la historia, la de Arnau, un adolescente singular y en comunión con la naturaleza, crecido en uno de esos espacios no definidos de la periferia de Barcelona, que asiste melancólico a la agonía y defunción de su microsistema de valores y pequeños rincones íntimos que están siendo devastados por el crecimiento de la metrópolis.

La película transita por el difícil camino de la sobriedad y contención, degustando pequeños gestos y detalles, deteniéndose en contemplaciones y momentos costumbristas en extinción, de fea y sucia fotografía, donde no hay más cera que la que arde. En la propuesta de Marc Recha hay mucho más de documental y realidad que de conflicto dramático al uso. Y se agradece de vez en cuando esta moral creativa. El realizador se explaya en tiempos muertos, idas y venidas, obviando la presencia de una trama de fuertes líneas, y recorriendo la vida del chico a través de los distintos escenarios en los que se desarrolla su aventura, documentados hasta el punto de que espacios como el Canódromo de Meridiana o el barrio de Vallbona configuran hitos históricos en verdera decadencia identificables por el espectador local.

petit indi

Sus buenas intenciones no ocultan carencias que aparecen revestidas de estilo, como el desigual conjunto de actores, de gestos hieráticos y diálogos anímicos o la envejecida propuesta gráfica de los créditos de inicio, no sé si motivada por un intento de dotar al film de un aire retro, pero que no acaba de encajar en el conjunto. La banda sonora también es desigual, y si bien en algunos momentos resulta estimulante, en otros pasajes consigue desconectar al público de la proyección, algo que no debería pasar por muy exigente que uno sea con su producto.

La historia de Arnau no es más que un «sálvese quien pueda», un aprendizaje veloz de habilidades de subsistencia en un entorno que se le vuelve en contra. Con su madre en la cárcel y las malas compañías de unos familiares sin rumbo o directamente enajenados por el juego, el chico ha de entender forzosamente que el más fuerte se come al débil, que gana el galgo que más rápido corre o el jilgero que mejor canta, y de la misma forma que la naturaleza mantiene sus propias leyes de supervivencia, el megalómano desarrollo urbano, a pesar de esconder un corazón humano y mediocre, extermina sin contemplaciones su entorno inmediato, paradójicamente buscando una forma de mantenerse con vida.

Lo que ignoramos, como el zorro de la película, es que a pesar de todo, estamos condenados al fracaso.


Celda 211 (Daniel Monzón, 2009)

4 Noviembre 2009

CRÍTICA DE CINE//LA IMPORTANCIA DE AQUELLA COSA DEL GUIÓN.

celda211Daniel Monzón pertenece a esa categoría de directores eficaces que aúnan en sus películas cualidades notables que las convierten en productos dignos y potencialmente rentables, definitivamente “comerciales”, pero que no suelen sobresalir mucho en ningún apartado artístico específico. Por desgracia, otros directores como él terminan dirigiendo obras desinfladas, lastradas por guiones descuidados y mediocres. Desde el comienzo de su corta filmografía Monzón ha desarrollado un agradecido sentido del espectáculo, intentando realizar sus historias de una cierta forma “hollywoodiense”, dando un paso más, más lejos que el resto de los de su quinta, jugando con un ajustado presupuesto. Su cine exhibe sin complejos una vocación de divertimento “a lo grande” alejado por completo del desánimo que inunda la cartelera de fórmulas casi televisivas.

Celda 211 viene precedida de un empaque rotundo y presentación en trailers y el Festival de Cannes que provocan esa sensación de impaciencia que ya olvidamos muchas veces al entrar en una sala. No es para menos, los ingredientes y el planteamiento de inicio sobre el motín de unos presos en una cárcel española entre los que se cuela por accidente un infiltrado, parecen dar mucha cuerda para dos horas. Es un film que juega muy bien sus cartas, realizado sin alardes ni florituras, pero que exprime todos sus elementos, que presenta una trama escalonada de dificultades exponenciales, cumpliendo a rajatabla una de las máximas del afamado Robert MacKee: Supera las expectativas y llega más lejos de lo que el espectador jamás hubiera alcanzado a imaginar que llegarías. Es precisamente su intensa carrera de fondo en lo argumental lo que permite a la película enmendar defectos, que los tiene, y que por otro lado, sus virtudes, que también posee y muchas, acaparen nuestra atención y rápidamente se ganen nuestro beneplácito, convirtiendo el visionado en una experiencia cinematográfica de pura diversión, con generosas dosis de tensión, mentiras, sospechas, gloriosos giros argumentales, tracas finales, y gotas de finísimo humor.

Entre los motivos que hacen a este film ganador por encima del genial argumento están las sólidas interpretaciones de parte del conjunto de actores: Luis Tósar, completamente desconocido y profundo en el papel de Malamadre; Antonio Resines, como el contundente y oscuro responsable de la presión amotinada, Alberto Ammann, el novel protagonista (al que siento haber confundido con Félix Gómez), cuya inseguridad interpretativa beneficia claramente al desarrollo de su personaje y algunos ilustres secundarios del lado de los presos. Todos están muy bien situados y los principales protagonizan una evolución tan grande, que acabas identificado con todas sus causas. TODAS. Sin embargo, el cásting sí se resiente por la parte de los funcionarios de prisiones que siguen el conflicto del lado libre de las rejas, donde vemos caras harto conocidas como Manuel Morón o Manolo Solo y otros rostros bonachones, que no acaban de cuajar ni convencer en sus funciones.

Y sí, aunque la trama en conjunto se lleva la palma, lo cierto es que el guión desgranado contiene algún agujero gordo fruto de inútiles complicaciones de diálogo, y su puesta en escena, a mi juicio dos errores importantes, responsabilidad absoluta del realizador. El primero de ellos es no presentar a los personajes, cabezas visibles de los presos, dentro de la cárcel antes de que comience el motín, lo que convierte la secuencia del “¡al abordaje!” en una sucesión vacía de planos de extras y figurantes, algunos descontextualizados, que vagan por el set sin tomarse la cosa demasiado en serio. Centrar la atención en los que luego van a liderar el film quizás lo hubiera evitado. El segundo patinazo del film, consagrado a la permanente sospecha y puesta en duda de la palabra de sus personajes, es dejar inconclusa una vital línea del tramo final, que se resuelve en el esforzado texto de un personaje secundario, y a la que, de primeras, es imposible dar credibilidad, si no es porque la película se acaba, y has de tragar con ello.

El film, a pesar de su aparente superficialidad lanza una interesante y clara dosis de crítica social entorno a los presos, el estado de las cárceles españolas y alguna otra cuestión que prefiero no desvelar (uno de sus múltiples golpes de efecto), pero que cuando aparece en escena, como cada nueva complicación de la trama, consigue multiplicar por dos el interés por el cómo y el cuándo se resolverá el conflicto. Un buen ejemplo de que es posible un cine de ficción anclado en la realidad, que no renuncia por ello al espectáculo de la talla de una pantalla grande, trabajado y cuya mayor virtud es habernos hecho creer que no era gran cosa, cuando lo que estábamos viendo era sencillamente una buena película, muy bien hecha.


Estigmas (Adán Aliaga, 2009)

3 Noviembre 2009

CRÍTICA DE CINE// DE GUSANO A MARIPOSA.

estigmasEl desmantelamiento de la tradicional estructura de distribución cinematográfica provoca situaciones inéditas en nuestra cartelera, como que este film, presente esta misma semana en la SEMINCI de Valladolid acabe estrenado gratis en internet vía streaming. No deja de resultar curioso que el anterior largometraje del realizador, Adán Aliaga, tuvieran vida fuera de los circuitos comerciales, y ahora su primera apuesta para cines acabe lanzándose en la red. Sin red. A tenor de algunas declaraciones de los productores, no se trata de un plato de gusto ni una apuesta por la cultura libre, sino el sentido –o resentido- movimiento definitivo ante la falta de interés de las distribuidoras por hacer llegar el producto al público. Situación ésta que según se mire puede considerarse un fracaso, o tal y como están las cosas, un éxito. Hace cinco años, si esta película se hubiera quedado fuera de la cartelera, muchos no hubiéramos podido verla y comentarla, recomendándola o no, que es otro asunto.

Tras el fresco documental La Casa De Mi Abuela, Aliaga nos propone en esta ocasión un trabajo de ficción oscuro, basado en un cómic, pero que en sus formas, intenta mantener intacta cierta espontaneidad propia del discurso más inmediato y cercano del documental. Estigmas cuenta la historia de Bruno, un hombre alcohólico y desencantado que un día ve como sus manos comienzan a sangrar sin motivo aparente. Justo el tipo de hecho incomprensible que poco importa a alguien que no busca demasiadas respuestas y que tampoco está dispuesto a complicarse la vida. En esas condiciones, y ante el rechazo de sus pocos conocidos, huye sin demasiada fortuna, encontrando a su paso personas que interpretan los estigmas en distintos registros, y que naturalmente, poco le convencen.

Estigmas es un producto atípico, difícilmente clasificable y cuya voluntad de ejercicio al margen de principios narrativos convencionales explica igualmente el desinterés de distribuidores como su principal defensa para haberla incluido en cartel a pesar de los pesares. Y es que sí, le pesan demasiadas cosas al film, comenzando por sus pretensiones autorales y su trascendencia adoptada, una camisa demasiado grande para vestir con tan poca experiencia. Las manos inexpertas del realizador provocan que el film sufra altibajos, con especial énfasis en las secuencias “de ficción” donde los personajes cobran relevancia sobre los ambientes, y entonces quedan claras las carencias en el tratamiento de los personajes y los pobres diálogos. La dirección de actores se nota encorsetada y asfixiada por una evidente falta de rumbo, y por momentos, sobre todo, subrayo, en las secuencias de interacción entre personajes, actores y planificación de cámara parecen más propios de un cortometraje de mediana solvencia, que de un largometraje con un discurso maduro. El ejercicio de estilo y el tempo pausado ayudan a construir bonitos planos y ocasionalmente parece que el film puede volar solo gracias al meritorio trabajo fotográfico, los bellos cielos nubosos y a la poesía que transmiten las localizaciones, pero no nos engañemos, la inconsistencia de las lecturas entre líneas pondrán a prueba la paciencia del espectador, que notará que no hay decisión a la hora de reconducir la historia por un camino satisfactorio.

El film sin embargo me resultó estimulante y es justo mencionarlo, porque aunque sus cimientos no terminen de cuajar, no es fácil poner en pie un proyecto de este calado con cierta dignidad. La valentía de productores y el propio realizador al apostar por un cine y una temática poco agradecida y difícil de hacer llegar al público es loable (un público al que por otra parte puede no satisfacerle la discutible referencia a Sin City de la nota de prensa, sobre todo porque cada film tiene un público bien diferenciado, cuidado). Son actitudes artísticas como esta y realizadores no acomodados como el que nos ocupa los que pueden dar un día la campanada cuando sincronicen sus expectativas con los recursos propios y el favor del público y distribuidores. En esta ocasión, el resultado no acompaña, pero mentiría si dijera que no tengo interés en ver lo próximo que hace Aliaga.

Publicada en www.lashorasperdidas.com el 1 de noviembre de 2009.


El Imaginario Del Doctor Parnassus (Terry Gilliam, 2009)

25 Octubre 2009

CRÍTICA DE CINE// UN TRUCO DE FERIA

parnassusTerry Gilliam vuelve a la carga con más ganas que nunca, dispuesto a no volver a pasar por el tortuoso camino de sinsabores y mala fortuna que le acompañaros en el fallido rodaje de The Man Who Killed Don Quijote (ahora retomado), y en la incomprendida (¿incomprensible?) Tideland. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos, su nuevo proyecto sufre ya desde antes de nacer: el protagonista principal Heath Ledger, en pleno ascenso de popularidad, muere dejando la película inacabada. Lejos de renunciar, Gilliam se inventa una fórmula, que visto lo visto, le encaja como un guante, e implica a tres actores más que a modo de tributo terminarán el film interpretando al mismo personaje de Ledger en diferentes situaciones y de paso salvarán la producción del desastre. O eso creían ellos.

El Doctor Parnassus (en catalán suena de forma divertida “Doctor por narices”) es un viejo místico y algo vanidoso, que recorre Londres junto a un pequeño grupo de freaks en un destartalado carromato con un ruinoso espectáculo de feria donde el público puede atravesar un espejo hacia un mundo fantástico, entre lo real e imaginario, y a la medida de sus deseos.  El anciano es a los ojos de Gilliam una especie de Moisés sin tablas que en lo alto de una montaña ha acordado con el Diablo una oscura apuesta de proporciones bíblicas, y eso está a punto de fastidiarle la vida. Aparece entonces en la historia Tony, un misterioso hombre salvado de un intento de suicidio que se une al espectáculo, pero cuyas intenciones no están del todo claras…

Las intenciones de Gilliam tampoco parece que sean cristalinas. El argumento se pierde fácilmente por los cerros, en una acumulación de propuestas que parecen no conducir a ningún sitio, y aunque finalmente lo hagan, es a costa de divagaciones y confusión. Tampoco hay que llevarse a engaño. Gilliam ha realizado un film visualmente esplendoroso, y como ya pasara en El Secreto De Los Hermanos Grimm, la dinámica de su cine no se basa precisamente en sólidos guiones ni arcos argumentales de libro, sino más bien en su genial capacidad e inventiva visual, en el goce de la propuesta artística y en la recreación de mundos alterados, ensoñaciones y personajes con verborrea que sufren complicadas paranoias mentales. Qué la historia avance o tenga una lógica que pudiéramos convenir como “coherente” es lo de menos. El Imaginario Del Doctor Parnassus es más de lo mismo. Si entras en su juego, has crecido con su filmografía, o eres bipolar, disfrutarás. Si no, es posible que te distraigan algunas florituras visuales, la filmación digital (que no la caótica sucesión de planos, con repeticiones absurdas) o la chica de la peli, que es realmente guapa.

Comprendo que films como éste, sin vocación comercial decidida, sin respaldo de grandes compañías y suspenso de distribuidoras, solo son posibles gracias a un férreo control de costes que implica, entre otras cosas, mucho croma y ordenador (por no hablar de las arbitrarias triquiñuelas necesarias para reconducir la película sin Ledger). Pero me resulta menos estimulante el universo Gilliam desde que prescinde de maquetas y trucajes fotográficos, ahora que su mundo se ha vuelto digital y visualmente tan limpio y definido. ¿Éste es el tipo que hizo Las Aventuras del Barón De Munchausen? No parece ésta una película tan arriesgada, paradójicamente, sino todo lo contrario, conservadora, insistente y precaria a pesar del artificio, salpicada de autorreferencias, recursos visuales de la época de los Monty Python o inspirados en las últimas propuestas de Tim Burton. Terry Gilliam es un director que parece no evolucionar en su madurez, su fórmula da muestras de agotamiento, y su cine, como ejemplifica este film, se parece cada día más a un truco barato de feria, que intenta seducirte con fuertes impulsos visuales, pero que son poco consistentes, parecen algo trasnochados y caen pronto en el olvido.

Publicada en www.lashorasperdidas.com el 22 de octubre de 2009.


Moon (Duncan Jones, 2009)

14 Octubre 2009

CRÍTICA DE CINE//VIAJE A NINGUNA PARTE.

moon-posterMoon es la primera película del realizador Duncan Jones, y acaba de ganar el premio más importante del Festival de Sitges. Es un film que se distingue del resto, que no juega a lo mismo que la mayoría de sus hermanos: poco convencional, difícil de ver, sereno, humilde y repleto de estimulantes ideas a pesar de su lento discurrir. Cuenta la historia de Sam, un hombre que lleva casi tres años viviendo solo en una base lunar, a punto de finalizar su contrato y regresar a la Tierra. Algo singular le sucede, y entonces… poco más.

Podría ser malentendida como una película donde no pasa nada. Monótonos diálogos y apenas acción. Sin embargo, pienso que encierra algunas lecturas que la hacen valiosa. Para eso es imprescindible no olvidar en los minutos iniciales del film, el collage visual que a modo de introducción se hace de la historia, y que con el posterior desarrollo de la trama es fácil acabar pasando por alto.

En esas imágenes (que recuerdo, forma parte del anuncio de la empresa que articula la vida del protagonista) se encuentra una interesante revelación crítica relacionada con el avance tecnológico, la sostenibilidad y todo lo que a día de hoy se promociona como desarrollo verde. (Según dice la tele, no en la peli, sino en nuestra realidad, si te compras y usas un coche hoy, estás ayudando a proteger el medio ambiente. Insisto, lo dice la tele.) Pero lo cierto es que todos esos avances tienen un coste, aunque parezca que se ha superado en muchas ocasiones el descontrol de los “residuos peligrosos”, lo que genera basura en realidad es el consumo en sí, del tipo que sea. La humanidad, por el camino que va, a pesar de querer limpiar conciencias y hacer lo posible por dejar al personal dormir tranquilo cada noche, incurre de forma indiscriminada en errores de bulto con efectos colaterales irremediables.

En Moon el mundo es casi una continuación de lo que conocemos. Se incide sutilmente en la especial deshumanización de las personas, los logros de la intelegencia artificial y su nada casual afinidad con el protagonista de la historia y sus particulares circunstancias. Las cosas en la Tierra aparentemente van bien, y las pesadillas sobre el Apocalipsis se han esfumado. Pero el problema no ha desaparecido, sencillamente se lo han llevado más lejos. Sam sólo es el coste de la broma. Y las personas quedamos perfectamente retratadas. Chapó.