Jesús Manuel Rubio

Entradas de Octubre 2009

La orquesta de Twitter.

28 Octubre 2009 · 1 comentario

ARTÍCULO//MELODÍAS DE SEDUCCIÓN

Twitter
No soy un especialista del microblogging, y cuando leo las palabras networking, community manager o SEO, suelo buscarlas en Google para asegurarme. Sin embargo, para mi asombro, me siento muy implicado en Twitter. Puedo decir que ha sido la herramienta social más importante que he conocido nunca. La más útil, la más eficaz.

Pero mis amigos no están en Twitter. El 99% de la gente a la que sigo son o han sido en un principio desconocidos. Y eso forma parte del quit de la cuestión. Cuando hace poco, algunos amigos que no están en los círculos del márketing, la publicidad o la comunicación (gremios donde Twitter va claramente por delante) me preguntaban qué era Twitter, yo les respondía así:

Sobre lo que es Twitter, hay mucha información, y no creo que sea capaz de añadir nada nuevo ni mejor de lo que hay pen internet. Lo realmente interesante es explicar cómo funciona Twitter, ya que, como mucha gente recién llegada habrá comprobado, con la definición, apenas se puede especular sobre la utilidad del asunto. La forma de percibir Twitter y el mecanismo que lo convierte en éxito, sin embargo sí me parece que son cambiantes, distintos y enriquecedores según la experiencia de cada cual.

En mi caso Twitter sólo fue útil tras un largo periodo de pruebas, de escuchar la red y a todos los que participaban. Hice una especie de casting. Seleccioné mis primeros followings, estudié sus followers, sus perfiles, y eso me llevó a nuevas personas, más perfiles y gente aún más allá. Un día el timeline de la web se me quedó pequeño, y me llevé a todos a TweetDeck…

Twitter funciona como una orquesta, llena de músicos con capacidades e instrumentos diferentes. Con violines primeros, segundos, y clarinetes. Con un señor tranquilo que toca unos timbales de tarde en tarde pero se hace oir y hace vibrar la sala, una joven pizpireta que toca una sóla nota con su triángulo al final de un compás y un señor trompetista que pega con ritmo y fuerza.  Y tú, usuario, diriges todo el cotarro. Según hagas sonar la orquesta en Twitter, en función de a quien escojas para cada momento, los armónicos y las notas sincopadas, el resultado puede ser una fanfarria desafinada e insufrible, o la Sinfonía Nº5 de Beethoven. El paisaje sonoro de todo este conjunto es tu particular mundo de followings, replys y retweets, y según lo bien que hayas elegido a tus músicos y solistas, y como se combinen entre ellos, lo que obtengas podrá ser de una sincronía y belleza absoluta, o por el contrario, generarte ruido, repeticiones y acaba siendo una aburrida ejecución donde todos los instrumentos compitan por hacerse oir, en vez de ordenarse y comprometerse entre ellos.

Creo que he tenido suerte hasta ahora. Los sonidos que he ido incorporando poco a poco a mi orquesta se han acoplado la mar de bien. Al principio todo era cuerdas. Muchos violines y algún contrabajo, venidos realmente del mundo del márketing y expertos en social media. Luego llegaron los viento-madera, realizadores, productores y gente del mundo audiovisual. Pero ojo, no cualquiera, sino verdaderos virtuosos, competentes y generosos compartiendo hueco y partitura. Saxos, trompetas y trombones, artistas de la seducción, bloggers y usuarios que han hecho de sus escritos fuente de inspiración y son líderes de opinión. A la percusión, alguno que nos marca el ritmo de los acontecimientos, que selecciona los momentos en los que dejar caer sus comentarios, con sonido grave y distinguido, y cuyo eco se mantiene un tiempo.

Yo dirijo esta orquesta, y de momento están ejecutando temas muy bonitos y potentes. Si tuviera que concretarlo en alguno, creo que la música que sonaría en mi Twitter sería algo así como John Barry, en Dances With Wolves. Aunque a lo mejor mañana podría estar escuchando a Tchaikovsky. Eso es lo maravilloso.

Y a tí, ¿a qué te suena tu Twitter cuando lo escuchas?

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El Imaginario Del Doctor Parnassus (Terry Gilliam, 2009)

25 Octubre 2009 · 2 comentarios

CRÍTICA DE CINE// UN TRUCO DE FERIA

parnassusTerry Gilliam vuelve a la carga con más ganas que nunca, dispuesto a no volver a pasar por el tortuoso camino de sinsabores y mala fortuna que le acompañaros en el fallido rodaje de The Man Who Killed Don Quijote (ahora retomado), y en la incomprendida (¿incomprensible?) Tideland. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos, su nuevo proyecto sufre ya desde antes de nacer: el protagonista principal Heath Ledger, en pleno ascenso de popularidad, muere dejando la película inacabada. Lejos de renunciar, Gilliam se inventa una fórmula, que visto lo visto, le encaja como un guante, e implica a tres actores más que a modo de tributo terminarán el film interpretando al mismo personaje de Ledger en diferentes situaciones y de paso salvarán la producción del desastre. O eso creían ellos.

El Doctor Parnassus (en catalán suena de forma divertida “Doctor por narices”) es un viejo místico y algo vanidoso, que recorre Londres junto a un pequeño grupo de freaks en un destartalado carromato con un ruinoso espectáculo de feria donde el público puede atravesar un espejo hacia un mundo fantástico, entre lo real e imaginario, y a la medida de sus deseos.  El anciano es a los ojos de Gilliam una especie de Moisés sin tablas que en lo alto de una montaña ha acordado con el Diablo una oscura apuesta de proporciones bíblicas, y eso está a punto de fastidiarle la vida. Aparece entonces en la historia Tony, un misterioso hombre salvado de un intento de suicidio que se une al espectáculo, pero cuyas intenciones no están del todo claras…

Las intenciones de Gilliam tampoco parece que sean cristalinas. El argumento se pierde fácilmente por los cerros, en una acumulación de propuestas que parecen no conducir a ningún sitio, y aunque finalmente lo hagan, es a costa de divagaciones y confusión. Tampoco hay que llevarse a engaño. Gilliam ha realizado un film visualmente esplendoroso, y como ya pasara en El Secreto De Los Hermanos Grimm, la dinámica de su cine no se basa precisamente en sólidos guiones ni arcos argumentales de libro, sino más bien en su genial capacidad e inventiva visual, en el goce de la propuesta artística y en la recreación de mundos alterados, ensoñaciones y personajes con verborrea que sufren complicadas paranoias mentales. Qué la historia avance o tenga una lógica que pudiéramos convenir como “coherente” es lo de menos. El Imaginario Del Doctor Parnassus es más de lo mismo. Si entras en su juego, has crecido con su filmografía, o eres bipolar, disfrutarás. Si no, es posible que te distraigan algunas florituras visuales, la filmación digital (que no la caótica sucesión de planos, con repeticiones absurdas) o la chica de la peli, que es realmente guapa.

Comprendo que films como éste, sin vocación comercial decidida, sin respaldo de grandes compañías y suspenso de distribuidoras, solo son posibles gracias a un férreo control de costes que implica, entre otras cosas, mucho croma y ordenador (por no hablar de las arbitrarias triquiñuelas necesarias para reconducir la película sin Ledger). Pero me resulta menos estimulante el universo Gilliam desde que prescinde de maquetas y trucajes fotográficos, ahora que su mundo se ha vuelto digital y visualmente tan limpio y definido. ¿Éste es el tipo que hizo Las Aventuras del Barón De Munchausen? No parece ésta una película tan arriesgada, paradójicamente, sino todo lo contrario, conservadora, insistente y precaria a pesar del artificio, salpicada de autorreferencias, recursos visuales de la época de los Monty Python o inspirados en las últimas propuestas de Tim Burton. Terry Gilliam es un director que parece no evolucionar en su madurez, su fórmula da muestras de agotamiento, y su cine, como ejemplifica este film, se parece cada día más a un truco barato de feria, que intenta seducirte con fuertes impulsos visuales, pero que son poco consistentes, parecen algo trasnochados y caen pronto en el olvido.

Publicada en www.lashorasperdidas.com el 22 de octubre de 2009.

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La calle de en medio.

18 Octubre 2009 · 1 comentario

LIBROS// POR QUÉ SOY CRISTIANO (José Antonio Marina, 2005)

porquesoycristianoHay debates públicos, dirigidos casi siempre desde los medios de comunicación, que me provocan mucho malestar. Normalmente, porque bajo la apariencia de diálogo y amparados en la libertad de expresión (sobre la que pesa otro debate público que sufre el mismo mal) lo que hay es una fórmula impostada, un ritual exasperante de posicionamiento de las propias ideas en base a dos argucias: por un lado, la radicalidad extrema de los razonamientos, que no permiten resquicio a la matización ni a la rectificación parcial, y por el otro, la tergiversación de la exposición del contrario, un intento de dirigirse a la audiencia indirectamente haciendo ver que lo que el contrincante dialéctico expone no es la idea que expone, sino otra, sobre la que, evidentemente, hay mucho que censurar.

Así el debate propiamente dicho no es más que un pelea de gallos donde antes que legitimar una posición propia, lo importante es corromper la posición del contrario, respondiendo a preguntas que no ha formulado, y en definitiva, replicando a un argumento que no es el que expone, ventajoso para uno, pero sin solución de continuidad.

Tenemos en España varias cuestiones que injustamente han entrado en este ciclo, cuyas argumentaciones están desvirtuadas, donde todo es blanco o negro (para proteger a base de absolutismos las propias ideas de los ataques fundamentalistas del contrario), y donde parece que no hay espacio para el acercamiento o sencillamente, la modulación de los discursos que sostienen las ideas: Es el caso del aborto, como hemos visto este fin de semana. Ví en la televisión a 4 o 5 niñas que recogían en una hucha dinero para que las madres con apuros económicos pudieran mantener a sus hijos y no tuvieran que abortar. Una solución que parece que funciona casi como verdad empírica, pero que refleja lo parcialmente que han sido estas niñas preparadas para entender la complejidad de planteamientos que pueden matizar su bienintencionada recolecta. Ellas pueden no ver más allá de ciertos limites, pero quienes las llevan a esta manifestación probablemente no quieran o no sepan traspasar esos límites (esas hipotéticas situaciones que hay frente al aborto), dentro de lo cuales sus creencias encajan como un guante.

Y hay más temas: el concepto de la libertad de expresión, la homosexualidad o las religiones.

En esta última cuestión de las religiones, concretada en el crístianismo, padre de todas las disputas, la percepción tanto positiva como negativa que tiene la sociedad, me parece que se basa en cuestiones fuera del verdadero “intringulis” del asunto. Eso me hizo llegar al libro del filósofo José Antonio Marina con el sospechoso título (según uno quiera verlo) de «Por qué soy cristiano»*.  Me ha gustado su forma de plantear el asunto, atajando su discurso por el camino a veces poco transitable de la calle de en medio, sin escatimar crítica y elogios a historiadores y pensadores que desde sus creencias o no creencias han intentado refrendar o rebatir pilares fundamentales del cristianismo.

En su libro – una especie de pensamiento en voz alta, un ensayo – Marina apela a la falta de absolutismo que reside en las verdades que entendemos como tales, e imitando el concepto matemático de acercamiento al límite, el de las parábolas y sus asíntotas, les otorga una validez y una definición que nunca son totales, por mucho que se acerquen. Está en el criterio y en la experiencia del observador la decisión de considerarlas ciertas y hasta qué punto.

Marina no habla de la Iglesia. Marina cuestiona la resurrección de Cristo tal y como se expresa en la Biblia y es asumida por cristianos y ateos, motivo por el cual unos la creen y otros la rechazan. Marina conoce y sabe que frente a aquellas cuestiones condenables y totalmente desafortunadas de la Historia, hablar del cristianismo y de su esencia interna no implica necesariamente un respaldo a las instituciones ni a las “verdades” que los hombres, en nombre de derechos imposibles, han lanzado a los cuatro vientos, pillándose los dedos de la forma más absurda.

Lo que me interesa en definitiva de su libro es que en su cuestionamiento de las ideas y los valores del cristianismo no caben apenas ninguno de los argumentos que a día de hoy se esgrimen en la calle, en los medios, en las parroquias, y que se tiran  la cabeza unos y otros para reprobarse. Sencillamente, su debate interno (y público desde su texto al alcance de todos) está despojado de cuestiones que pertenecen a otro ámbito, más terrenal, y en el que incluso, se muestra fundamentalmente de acuerdo con otros que hacen precísamente de esos puntos claves, sus motivos para considerarse ateos.

«Hace años, Bertrand Russell escribió un libro con un título exactamente contrario al mío: “Por qué no soy cristiano.” Es una obra lúcida e irónica con la que estoy fundamentalmente de acuerdo. Lo que sucede es que, al hablar de cristianismo, él y yo hablamos de cosas distintas»

Es su moderación, su apertura a la interpretación y su falta de dogmatismo lo que hacen muy interesante su obra, bajo cualquier tipo de posicionamiento previo. No sentencia, no juzga, simplemente piensa. Y eso hoy, con la que está cayendo, es muy difícil de soportar.

* No confundir con el libro del mismo título de Cesar Vidal, que no he leido.

«Por qué soy cristiano», de José Antonio Marina. Editorial Anagrama, 2005.

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Moon (Duncan Jones, 2009)

14 Octubre 2009 · Dejar un comentario

CRÍTICA DE CINE//VIAJE A NINGUNA PARTE.

moon-posterMoon es la primera película del realizador Duncan Jones, y acaba de ganar el premio más importante del Festival de Sitges. Es un film que se distingue del resto, que no juega a lo mismo que la mayoría de sus hermanos: poco convencional, difícil de ver, sereno, humilde y repleto de estimulantes ideas a pesar de su lento discurrir. Cuenta la historia de Sam, un hombre que lleva casi tres años viviendo solo en una base lunar, a punto de finalizar su contrato y regresar a la Tierra. Algo singular le sucede, y entonces… poco más.

Podría ser malentendida como una película donde no pasa nada. Monótonos diálogos y apenas acción. Sin embargo, pienso que encierra algunas lecturas que la hacen valiosa. Para eso es imprescindible no olvidar en los minutos iniciales del film, el collage visual que a modo de introducción se hace de la historia, y que con el posterior desarrollo de la trama es fácil acabar pasando por alto.

En esas imágenes (que recuerdo, forma parte del anuncio de la empresa que articula la vida del protagonista) se encuentra una interesante revelación crítica relacionada con el avance tecnológico, la sostenibilidad y todo lo que a día de hoy se promociona como desarrollo verde. (Según dice la tele, no en la peli, sino en nuestra realidad, si te compras y usas un coche hoy, estás ayudando a proteger el medio ambiente. Insisto, lo dice la tele.) Pero lo cierto es que todos esos avances tienen un coste, aunque parezca que se ha superado en muchas ocasiones el descontrol de los “residuos peligrosos”, lo que genera basura en realidad es el consumo en sí, del tipo que sea. La humanidad, por el camino que va, a pesar de querer limpiar conciencias y hacer lo posible por dejar al personal dormir tranquilo cada noche, incurre de forma indiscriminada en errores de bulto con efectos colaterales irremediables.

En Moon el mundo es casi una continuación de lo que conocemos. Se incide sutilmente en la especial deshumanización de las personas, los logros de la intelegencia artificial y su nada casual afinidad con el protagonista de la historia y sus particulares circunstancias. Las cosas en la Tierra aparentemente van bien, y las pesadillas sobre el Apocalipsis se han esfumado. Pero el problema no ha desaparecido, sencillamente se lo han llevado más lejos. Sam sólo es el coste de la broma. Y las personas quedamos perfectamente retratadas. Chapó.

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