Cuando estuve en Nueva York.

23 Noviembre 2009

NEW YORK//HACE UN AÑO.

Se cumple estos días un año de mi aventura en solitario por las calles de Nueva York. Llevé una maleta no muy grande, bastante ropa de abrigo y un iPod con la discografía de Sigur Ros, que yo jamás había oído. Lo justo para un encuentro solemne de tintes cinematográficos. Nueva York es la ciudad de los rascacielos y la megalomanía, siendo al mismo tiempo una urbe de personas y rincones humanos, donde es fácil encontrar rasgos culturales propios y ajenos conviviendo en aparente armonía, detalles orientales de otros tiempos o síntomas de avanzada soledad a pesar de los millones de personas que cruzan sus calles.

Ese contraste entre la majestuosa perspectiva de sus edificios a pie de calle y las pequeñas historias personales, las ilusiones y las excentricidades de sus habitantes podría dar una idea de la experiencia de mi viaje. Aquí dejo un resumen de imágenes y sobre todo, muchos sonidos que componen mi particular descubrimiento de la ciudad.

 

Y aquí el link para verlo en grande.


Paranormal Activity (Oren Peli, 2007)

19 Noviembre 2009

CRÍTICA DE CINE// ACTIVIDAD CEREBRAL.

El cine de terror es con diferencia el género  peor tratado del cine moderno. Desde los noventa, la industria se ha responsabilizado ella solita de hacer saltar por los aires las cuatro o cinco ideas básicas que sostienen la psicología del miedo, para establecer un nuevo concepto cinematográfico basado en el impacto de lo explícito, lo evidente, las autorreferencias, el humor sin dosis y los señuelos traicioneros. Una estructura narrativa volcada en justificarse a sí misma y hacer lo posible por mostrar piruetas circenses con aquel lema del más difícil todavía.

El Proyecto de la Bruja de Blair puso de manifiesto una interesante zanja comercial: la del cine accidental, la imagen prohibida y los hechos censurados, que uno ve pero que no debería, pues su historia se desarrolla más allá de los límites de la pantalla. Son películas que en su propia concepción llevan escritas desde el primer minuto que el sólo motivo de que existan es porque algo ha ido mal. Vamos, que de ser una trama bonita con final feliz, no estarías en la butaca. En este tipo de historias, filmación y ficción están intensamente unidas y quizás esta forma de escapar de los límites de la narrativa cinematográfica convencional le haga parecer más libre, lejos de convenciones y con una dosis de imprevisibilidad mayor (que no es difícil) que el resto de sus hermanas.

Paranormal Activity ha sido un bombazo comercial de eficacia ya demostrada anteriormente. Sigue la estela de otros films rodados en video digital doméstico, aunque en éste el grado de espontaneidad se me antoja bastante mayor. Realmente ha habido un esfuerzo (o según se mire una adecuada falta de interés) por realizar una planificación descuidada y aburrida, con planos absurdos, reiteraciones, trama ausente, falta de luces (no sólo eléctricas) y un decorado de un estilo que queriendo, no sale. A su lado, la pretendida idiosincrasia realista y providencial de Monstruoso parece una telenovela de los 80. Es quizás esta radicalización del concepto que al propio Spielberg asustó y le hizo pensar en un remake antes de recular, lo que ha ayudado a desarrollar su éxito, qué duda cabe, también auspiciado por los hijos de YouTube, a los que el pixel ya no hace daño en la retina.

Micah y Katie (interpretados por los actores Micah y Katie, para ir sintiendo un poco de yuyu) son una pareja convencional de Estados Unidos, que han asumido resignados que cosas extrañas pasan en su hogar. Ante la negativa (acojonante discurso) de un médium para atajar el problema, Micah quiere obtener pruebas de los sucesos paranormales y decide filmar la vida de su pareja en el hogar, pues según parece ella es el origen del mal que se cierne sobre ellos. El primer acierto del film es hacernos comulgar con ruedas de molino dirigiendo la atención hacia el chico que filma y conseguir que nos identifiquemos con su reacción. Él representa lo que nosotros quisiéramos ser una vez hubiéramos asumido que sí, que los expedientes X ocurren. Su actitud de observación meticulosa, casi infantil, de desafío e intencionadamente inconsciente, es llamativa. Ya que sé que existes, manifiéstate porque no te tengo miedo. Y eso, nos provoca curiosidad, pero también la sensación de que el camino no es el correcto. No Señor.

No hay mucha complejidad en el planteamiento de Paranormal Activity. Tampoco es necesario. El film no necesita una trama complicada ni que tu cerebro dedique unas neuronas a extraer el subtexto o captar el matiz irónico de una interpretación. El mecanismo de atracción del espectáculo aquí trabaja en otra división, la de los miedos irracionales y los pequeños detalles que pasan desapercibidos a la vista, aquello que no se ve, pero que constituye una fuente de conjeturas y espacios vacíos que nuestra imaginación rellenará con gusto. Ese es el origen del miedo. La película consigue en gran medida su objetivo gracias a un solo plano que sin duda debería estudiarse en los anales del género, un encuadre muy inteligente que integra en una única imagen muchísimas ideas que el cerebro rechaza ver juntas. La contemplación sin el trucaje de la edición cinematográfica del dormitorio de la pareja, con la puerta abierta y el «más allá» conviviendo sin barreras (ni tan siquiera psicológicas) con la cama en el mismo espacio pero fuera del ángulo de visión de los insensatos protagonistas produce, como poco la contradictoria y tensa necesidad de cerrar los ojos y mantenerlos abiertos a la vez.

Desde un punto de vista meramente intelectual, el film puede resultar irritante, sobre todo porque es poca cosa y no se molesta en dar más explicaciones ni estimular esa parte de todo espectador que necesita sentir que ha atado cabos, de cualquier grosor. Pero entendiendo el cine como un abanico de posibilidades amplias y en diferente grado entretenidas, ésta es sin duda una propuesta de consideración, más propia de parque de atracciones que de círculos de arte y ensayo, pero digna manifestación en la historia del entretenimiento. Mientras en sus otras vertientes el cine siga teniendo quien lo defienda, películas como estas pueden disfrutarse sin peligro de extinción de las verdaderas bestias del celuloide.


¿Quién es Andrew Bird?

15 Noviembre 2009

MÚSICA// NATURAL DISASTER.

A los que preguntásteis y a los que os intriga. El próximo martes 24 de Noviembre, Andrew Bird viene en concierto a Barcelona, sala Apolo. Gracias a mis amiguetes, estaré allí.


Gallo Fuuu, la cuchara que sopla.

11 Noviembre 2009

ARTÍCULO//CON CIENCIA.

Son tiempos extraños. Explosión publicitaria verde. No consumas. No gastes. Protege tus bosques. Y vienen los de pastas Gallo a anunciar en prime time “Gallo Fuuu”, la cuchara que sopla. Para enseñar a los niños la importancia de no consumir las energías propias, evidentemente. De no mover un dedo, que para eso, están las pilas AA.

Es curioso, la misma semana que hemos batido el récord nacional de producción de energía eólica (el domingo por la noche, más de un 50% de la energía que se consumía en España provenía del viento) nos topamos con el anuncio de una cuchara que utiliza pilas para la aparentemente imaginativa tarea de generar una suave corriente de aire en la sopita de la cena. Así nos va, enseñando a nuestros hijos que no merece la pena el mínimo esfuerzo ni tan siquiera para evitar quemarnos la lengua. Aún no existe el ingenio que transporte la cuchara del plato a la boca, pero todo llegará, no hay nada que se le resista a la ciencia…

Cuchara-que-sopla-Gallo-Fuuu


Petit Indi (Marc Recha, 2009)

6 Noviembre 2009

CRÍTICA DE CINE//LOS NO-LUGARES.

petit indi posterFue en algún momento de mi vida académica, cuando aún transitaba por los pasillos de la Escuela de Arquitectos (las vueltas que luego da la vida…) cuando supe de los no-lugares −justamente chivado hoy por Marc Augé−, espacios anónimos casi al límites de las grandes ciudades, donde dos mundos, el orgánico y apacible entorno rural y las miserias de la gran urbe, se encuentran en situación forzada e imperfecta como piezas de puzzles distintos que uno intenta hacer encajar. Autopistas, aeropuertos, industrias, vías férreas y todo tipo de incómodas construcciones y huecos sin aparente humanidad ni fotografía que las necesite conviven en extrañas circunstancias con los supervivientes del viejo ecosistema campesino, de costumbres y tiempos sólidos y de ejemplar austeridad material.

Petit Indi podría denominarse, y en ningún caso de forma peyorativa, como un no-film, ya que de algún modo sus divagaciones narrativas y estructura apenas marcada le encajan muy bien con el curso de la historia, la de Arnau, un adolescente singular y en comunión con la naturaleza, crecido en uno de esos espacios no definidos de la periferia de Barcelona, que asiste melancólico a la agonía y defunción de su microsistema de valores y pequeños rincones íntimos que están siendo devastados por el crecimiento de la metrópolis.

La película transita por el difícil camino de la sobriedad y contención, degustando pequeños gestos y detalles, deteniéndose en contemplaciones y momentos costumbristas en extinción, de fea y sucia fotografía, donde no hay más cera que la que arde. En la propuesta de Marc Recha hay mucho más de documental y realidad que de conflicto dramático al uso. Y se agradece de vez en cuando esta moral creativa. El realizador se explaya en tiempos muertos, idas y venidas, obviando la presencia de una trama de fuertes líneas, y recorriendo la vida del chico a través de los distintos escenarios en los que se desarrolla su aventura, documentados hasta el punto de que espacios como el Canódromo de Meridiana o el barrio de Vallbona configuran hitos históricos en verdera decadencia identificables por el espectador local.

petit indi

Sus buenas intenciones no ocultan carencias que aparecen revestidas de estilo, como el desigual conjunto de actores, de gestos hieráticos y diálogos anímicos o la envejecida propuesta gráfica de los créditos de inicio, no sé si motivada por un intento de dotar al film de un aire retro, pero que no acaba de encajar en el conjunto. La banda sonora también es desigual, y si bien en algunos momentos resulta estimulante, en otros pasajes consigue desconectar al público de la proyección, algo que no debería pasar por muy exigente que uno sea con su producto.

La historia de Arnau no es más que un «sálvese quien pueda», un aprendizaje veloz de habilidades de subsistencia en un entorno que se le vuelve en contra. Con su madre en la cárcel y las malas compañías de unos familiares sin rumbo o directamente enajenados por el juego, el chico ha de entender forzosamente que el más fuerte se come al débil, que gana el galgo que más rápido corre o el jilgero que mejor canta, y de la misma forma que la naturaleza mantiene sus propias leyes de supervivencia, el megalómano desarrollo urbano, a pesar de esconder un corazón humano y mediocre, extermina sin contemplaciones su entorno inmediato, paradójicamente buscando una forma de mantenerse con vida.

Lo que ignoramos, como el zorro de la película, es que a pesar de todo, estamos condenados al fracaso.